Saturday, July 28, 2007

¿Te conté de mí, de mi sueño?

No te voy a decir, "hola, espero que estés bien", como normalmente, se empiezan las cartas, porque mi saludo viene siendo casi siempre una despedida, y porque bueno, no espero que estés bien.

Ayer me puse a pensar en el racimo de uvas y el vaso de leche que papá guardó a escondidas de mamá. ¿Te acuerdas de mamá, de papá... de mí?

Hace unos días, mi padre celebró su tristeza y disfrazó sus lágrimas con movimientos de pies y caderas, al son de la salsa, el son cubano, como lo hizo las miles de veces que perdió su equipo del alma, o discutió con alguien.

Cuando mamá no accedió a bailar con él, porque estaba ocupada con las llamadas de teléfono, las citas médicas, los 50 mg más de proteínas y calorías que aportan la yuca y la papa sabanera, apagó el sonido y se quedó mirando fijamente la avenida desde la ventana. Yo apenas lo miraba. Entonces, subí el volumen del equipo de sonido y me moví al ritmo de El periódico de ayer con la tristeza de quien canta una canción como esa.

Papá se sentó y mientras yo me movía, no paró de hablar de Hector Lavoe, de su tristeza, de sus canciones. Entretanto, mis hermanas, cerraron las puertas de sus habitaciones y endulzaron sus lágrimas con palabras de amor de quienes las aman, por teléfono, mientras mamá me preguntaba por dónde carajos estaba "ese aparato del demonio, que sus hermanas no sueltan preciso cuando una más lo necesita".

Papá y yo nos quedamos hablando por largo rato. Cada quien disimulaba su miedo con pasos mal dados, con estrofas a destiempo, con silencios en la mejor parte del coro de cada cancion...Cuando se hizo muy tarde, nos fuimos a dormir. Al despedirnos, con un beso suyo en mi frente, observé que papá llevaba en el bolsillo derecho de su piyama, un racimo de uvas mal escondido y el bigote blanco, como la leche. [leche no porque suene bonito decirlo, sino porque efectivamente era de leche, deslactosada]

No le dije nada. Mamá tenía prohibido las comidas a altas horas de la noche, pero ahora estaría tan profunda que era improbable que lo notara [de no haber sido maestro, papá posiblemente habría sido mago o político, porque su capacidad para ocultar las cosas era de admirar]

Cuando me fui a la cama, apagué la luz y soñé que mientras lloraba, mis pies eran cubiertos por un río púrpura con sabor a sal. Que ese río crecía y que entre más lágrimas cayeran, más hermoso se tornaba. Que iba perdiendo gradualmente su sabor salado y que me cubría luego las rodillas, la cintura, los hombros...Que finalmente me ahogaba, sin dolor, sin remordimientos, sin súplicas.

Pero, hoy me despierta, me regresa a la vida y me saca de mi tierna muerte, cada susurro y respiración contenida por mis hermanas quienes lloran en la habitación que da justo derás de la mía. Luego, los sollozos mi padre, de mi madre...

P.d
Perdón porque ésta carta quedó más larga de lo normal. Perdón por tener tantas cosas por contarte.

Sunday, July 22, 2007

Infinita tristeza

Hace rato no sentía nada. Había olvidado el dolor, la espera, las despedidas.
Hoy tengo mucho miedo. Mis ojos recordaron lo que es llorar y se duermen ahogados en lágrimas que sólo desaparecen hasta el otro día, cuando sin ser vistos, se resignan de tristeza.

Ojalá tuviera tres años y llorar fuera parte de una ronda de juegos, o parte de una obra de teatro, esas que tanto me aplaudiste en el colegio. Ojalá llorar se arreglara con un chocolate (siempre preferíe el blanco) y con cinco minutos de rezos antes de empezar las clases.

Tengo tanto miedo. Tanto miedo por volver a sentir. Por descubrir el dolor, no como lo hacen las mujeres bonitas y los hombres de pelo engominado, ese dolor que sienten cuando les es negado un beso y una flor...

Tengo miedo de que cuando te diga adiós me esté despidiendo para siempre...
Ojalá volviera a ser más chica para que ayer cuando estuve contigo en la Iglesia, Dios me hubiera escuchado y hubiera aceptado mi cuerpo a cambio del tuyo, enfermo, gris, triste...Con las manos entrecruzadas y los ojos apretados...haciéndo la misma promesa de no volver a comer un chocolate, me acuesto a dormir hoy...

Hablamos en la noche, infinita tristeza...

Friday, July 13, 2007

Ayer, en el aeropuerto

La chica morena de siete años cubre su rostro con la falda a cuadros de su madre. El padre le lanza un beso desde detrás de la línea amarilla, pero ella no lo quiere mirar. No entiende porqué su padre le dejó una pelota de baloncesto en su cama. La madre cubre los ojos de la chica y difraza sus lágrimas con una tímida sonrisa.

El padre avanza dos, tres, cuatro pasos. Se distrae con las monedas en el bolsillo de su pantalón, con los papeles que estén en regla, con la última instrucción que dio antes de despedirse para siempre: un, dos, tres, levantas la mirada y encestas.

La chica suelta la mano de su madre y cruza la línea amarilla. Se escabulle, aplicando las mismas reglas que el padre le enseñó para no dejarse quitar la pelota en la chancha, entre los cuerpos inermes de quienes también hacen fila junto a él.

La madre discute con los oficiales que la obligan a retirar a la chica morena de la zona de abordaje, pero es inútil, ella ya ha encontrado a su padre y se ha prendido, con los ojos cerrados, de su pierna derecha.

El padre la besa. Entonces, la chica morena lo suelta, pone sus manos sobre sus ojos y empieza a contar: 100, 99, 98...se salta al 25, y continúa en 10, 9, 8...

El padre avanza entre el 7, 6 y 5...Está cerca de la puerta de salida y con lágrimas en los ojos, se despide a lo lejos de su esposa.

La chica morena termina de contar, descubre sus ojos: su padre ha desaparecido. Regresa al lado se su madre, consuela sus lágrimas con un abrazo y un beso. Antes de irse a casa, la chica morena mira hacia atrás convencida de que si su padre era el mejor en el baloncesto, ella siempre lo superó en las escondidas...

100, 99, 98...25...

[P...Gracias!..Ya la encontré!..creo...]

Friday, July 06, 2007

Te regalo un chocolate, la envoltura y unos cuantos secretos...

Ya no te quiero esperar más, esperanza. No tengo señales tuyas hace días, hace tantas noches. Aún así te sueño, te lloro, te pienso, por eso, te voy a contar un secreto: mi color favorito no es el rojo y tampoco me gustan los gatos. Es más, los detesto. Siempre pedí más de dos deseos por uva en las fiestas de fin de año y jamás quise a Andreita esa muñeca fea que hace tanto me regalaste y que sólo peinaba por mísera consideración...

Te voy a contar otro secreto: no soy capaz de mezclar sustancias quimícas para de un sorbo comprar por adelantado mi pasaje a la eternidad, tampoco se hacer nudos y jamás me pararía a una altura mayor a la que hay del piso a mi cama. Le tengo tanto miedo a la muerte como a la vida, a la bendecida expiración como a los suspiros que, pensando en tí, no pude evitar...

Te voy a contar otro secreto: te escribo cartas no porque te quiera, cada vez me doy cuenta que no sería capaz de querer a nadie, sino porque desde pequeña me inyecté masoquismo en mis venas, y éstas palabras son la prolongación inficiosa de mi vida.

Te voy a contar otro secreto: nunca me he pensado como una suicida, porque si algo admiro yo es la determinación y la seriedad de quienes jamás dejarían cartas ni explicaciones...

Te voy a contar otro secreto: es este un posdata cuyos efectos no contarán para mi, cuando le ponga punto final.

(Puedes quedarte con la envoltura del chocolate)

Thursday, June 28, 2007

Despedida III

¿Te acuerdas del vestido rosa? Siempre dije que no era mi preferido, pero a tí te encantaba ese color sobre mi cuerpo. Esperaste tanto por vérmelo puesto..Entonces, trenzo mi cabello, más largo, desde la última vez que me viste, y pinto de rosa mis labios, respiro profundo y ya no siento...

Empieza Interludio y te ofrezco la senda que me queda por andar...El mundo de miles de colores empieza a nublarse de tristeza...y el día, probablemente luminoso afuera, se torna aquí dentro, negro oscuro; azúl índigo, mejor...siempre me gustó más el azul.

La agonía de mi cuerpo se disfraza en conmoción por el primer viaje lejos, A tu profundo corazón...Me despido con los últimos minutos que da el reloj...Sentada, en la silla dónde me viste por última vez, cierro los ojos cansados por los años, no sin antes acomodarme el vestido rosa y apretar mis labios brillantes, rosados...arrugados.

La aguja del tocadiscos advierte un ruido que se apaga lento...Silencio.

Despedida II

Hace rato te había olvidado...
Borré de mi memoria, las marcas en tu mano pidiéndome ayuda. Tu miedo.
Me distraje con el sonido de la avenida y las palabras. Me enamoré de la esperanza..y la inyecté en mis brazos todos los días...
Estaba tan lejos, que no volví a escucharte y lo permití...Te confieso que volví a tomar café y fui a cine dos veces.
Pero hoy recordé tu miedo. Mis manos, desde entonces, permanecen dormidas y frías...tan frías... Te pienso, te lloro, me hago daño.
Prometí no volver a dormir, mientras tú, en la lejanía, estás despierto. Prometí no volver a vivir, mientras tú hace cinco años estás muerto.

Perdóname.

Monday, June 25, 2007

Despedida I

Hace dos minutos dejé de hablar. No quiero volver a hacerlo. No quiero decirle nada a nadie. ¿Si dejo de hablar, me olvidarás? Olvídame. Quiero que me olvides. Cuando mi cuerpo se desvanezca lentamente, cansado de esperar, sintoniza una emisora o un canal de televisión. Habla con mis hermanas y pregúntales por sus historias de amor, por sus colores favoritos o sus novelas preferidas.

Yo no volveré a hablarte. Mi boca se entumecerá y olvidará el abecedario. Con el abecedario espero olvidarte a ti, olvidarme de mí. Mis ojos se concentrararán en el amarillo de la pared, que ya no será amarillo y habitarán en él. Mis manos se desprenderán para buscar el abrazo que por años esperaron...Mi memoria se perderá en recuerdos ajenos..

Antes de irme, te escribiré éstas palabras. Me despediré.

Wednesday, June 20, 2007

En-sueños

Papá no soporta el dolor. Pero le cuesta más resignarse a que sea mamá quien le ayude a ponerse las medias. Desde que se enfermó, se sienta en frente del televisor y, después de pedirme que le explique (en vano, él lo sabe) que le conecte el DVD, se dedica a escuchar música. En hojas de cuaderno escribe lo que oye. Cierra los ojos. Canta en silencio.

Mamá no quiere verlo enfermo y se despierta en la madrugada con la incertidumbre de saber si tendrá que ayudarle con las medias. Cuando está sola, busca fotos que le recuerden sus tiempos felices para mirarlas con nostalgia, con tristeza. Hace rato no se ríe. Se queda callada, pensando, tal vez, en esos días de labial rojo y pantalones botacampana.

Por la noche, papá se va a la cama sin pedirle ayuda a nadie. Mamá después de contemplarse frente al espejo, perdida en las marcas de su rostro, se acuesta a dormir. No se hablan. No se interrumpen el sueño con caricias, ni con suspiros involuntarios. Apenas los pies de mamá fríos buscan los de papá para calentarse. Así es todas las noches.

A la una de la mañana mamá despierta con la incertidumbre de todos los días. Papá, se toma su tiempo debajo de las sábanas, para contemplar los pies grandes y arrugados de mamá. Se levanta y le dice "Hoy, me pongo las medias yo mismo". Discuten. Pelean. Papá le recuerda a mamá sus arrugas y mamá su dificultad para ponerse las medias. Portazos. Lágrimas contenidas en bostezos disimulados, en groserías, en manotazos. Papá sale de la casa sin decir adiós. Mamá hace lo mismo.

En la noche, de regreso, se encuentran en la puerta de la casa. No se hablan. Se acuestan a dormir. Desde que tengo 10 años sueño que los pies de mamá, sonrojados, sortean todo tipo de obstáculos para acercarse y con palabras entrecortadas decirle a los pies de papá "Tengo frío".

Aún sigo soñando...

Saturday, June 16, 2007

Rojo

Abrí la palma de mis manos. Esperé la aguja con los ojos cerrados La sentí entrar. Me hablaste del color naranja y las rayas negras en la puerta. Entonces, cerré el puño y apreté fuerte. No dije nada, me pinté los labios y te esperé. Te fuiste. Me quedé dormida y soñé que pintaba mis labios con el rojo que emanaba a borbotones de mi brazo roto, perforado...Grité.

Contesté el teléfono. No dije nada. La aguja adentro se llevaba todo. Impotencia. Colgué. Volví a abrir la palma de mis manos y dolió doblar de nuevo el brazo.

Salí a la calle con la promesa de no volver en una semana, por los resultados. Nos encontramos de casualidad. De casualidad nos miramos. Me preguntaste por el profundo y espeso rojo de mis labios. Te besé.

Sunday, June 10, 2007

Astigmatismo

Si cubro con mi mano derecha mi ojo izquierdo, te veo a tí mordiendo el cielo. Sentado. En silencio. Te veo rasguñar las ventanas con desespero, tomando café sin quedarte quieto. Te hieres, te culpas, me preguntas.

Si cubro con la misma mano mi ojo derecho, estás tu y estoy yo. Estamos en la mesa. Estoy llorando. Tengo puesto el vestido rosa de hace unos años y tu me estás tomando de la mano. Pero no tengo manos. Sonríes y me abrazas. Pero no tengo brazos. Entonces, me distraigo con el papelito de la basura que recién ha caído en el suelo. Decides salir a caminar sin tomarnos de las manos y sin abrazarnos. Me dentengo. Te espero.

Prefiero ver a través del ojo izquierdo. Prefiero que te culpes y que me preguntes. ¿O prefiero el ojo derecho y con él, el vestido rosa, tú, lo que queda de mi cuerpo?

Tuesday, June 05, 2007

Día en Origami

Tengo las manos untadas de pegante. Doblo en cuatro pedazos el día y luego, con las tijeras que nunca aprendí a manejar en el jardín, corto el doblez que da por la mitad; sí, el que está señalado con línea punteada. Caen tres gotas de sangre.

El día está sucio. El pegante de mis dedos déjó rastro en las palabras de ellos, están grises. Sucios. Cada vez que me acerco a ti, mis dedos se pegan a tu cuerpo, se pegan para no separarse. Ya he lavado mis manos varias veces, pero el pegante no cae.

Doblo nuevamente el día en cuatro pedazos. La regla bañada en lágrimas de desesperación se resbala dos, tres veces de mis dedos pegachentos. El lapiz no traza camino alguno. Se cae al suelo. Se parte.

Mis manos sudan y el pegante empieza a caer. Ahora están grises también. No me pidas que te toque. No sé cómo hacerlo. No te quiero ensuciar. No, hasta que el sudor de mi cuerpo se lleve consigo cada marca, cada recuerdo, cada lágrima.

Ya voy. Espérame, tengo que poner el día de hoy en mi mesa de noche.

Friday, June 01, 2007

Sin fecha

Lunes, martes, miércoles. Espero un poco más. Sin movimiento. En silencio. La avenida invade mi cuarto de ruido. Una ambulancia. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis carros. Velocidad. Lunes, martes, miércoles. Espero un poco más.

Lunes, lloro. Entre la almohada y las sábanas frías se sumergen mis lágrimas de nuevo en silencio.

Martes. Cierro los ojos para siempre. Me entrego a los sueños más parceros que la vida misma. Los cierro esperando no volver a abrirlos. Cuento hasta diez. Cuando llego a nueve, le estoy diciendo adiós a ellos. No me ven. Me despido.

Miércoles. Muerte. Y el túnel, claro, el túnel. Cinco años perdidos. Cinco años y un cuerpo arrugado, marcado. Adiós. Digo adiós nuevamente. Pienso, maldita sea, siempre pienso.

Lunes, martes y miércoles. El jueves me miro al espejo y veo llorar mis ojos. Mi boca hace una mueca exquisita. Extraña. Me gusta verme llorar. No aparto la mirada, mis ojos luchan por cerrarse, por evitar verguenzas. Mi nariz se sonroja mientras se desangra en orquídeas.

Viernes. Extrañamente me pierdo para siempre en el calendario.

Tuesday, May 29, 2007

3:45 p.m

Las mismas sillas de siempre.

Wednesday, May 23, 2007

Te extraño

¿Te acuerdas cuando nos escondimos de todo el mundo para gastarnos la plata en chocolates y, sin reparos, limpiamos nuestras bocas para que nadie se diera cuenta? Te extraño tanto...

¿Te acuerdas de los chismes del fin de semana y de tus lágrimas mientras intentabas explicarme los horrores y el miedo que te daba éste mundo? Te extraño tanto...

¿Te acuerdas de tus predicciones en el amor, una combinación apocalíptica y mágica de la vida, que hoy sé que nunca fallan? Te extraño tanto...

Me acuerdo de la expresión de tus ojos...seria, fría. De esa tímida sonrisa ahogada en un vaso de whisky y de tu beso en mi mano, como a las princesas.

Me acuerdo de que a veces no me acuerdo de ti. Y empiezan a borrarse, impotencia, los cuadrados y los rombos de tus faldas...los colores de tus medias; tu olor de las tres de la tarde; tu silencio....

¿Te acuerdas que nunca te dije que te amaba?

Sunday, May 20, 2007

I love Coffee

La gente anda chocándose por ahi y muriéndose...Es tan fácil irse...yo no entiendo aún por qué no lo hago. Si es tan sencillo como cerrar los ojos y no volver a abrirlos nunca. Desde hace un año vivo mis días (no como si fueran los últimos, como aconsejan los "expertos") sino con una nostalgia acompañada de café e insomnio. Saber que hoy siento correr tu sangre cada vez que tomo tu mano y que mañana estaré sujetando esa misma mano fría, inerme...muerta. Agua hasta la mitad.

Saber que en las mañanas me duelen los ojos por las lágrimas de la madrugada mezcladas con sueños rotos y que mañana esos mismos ojos estarán cerrados para no volver a ver ni ser vistos jamás. Dos, o bueno, tres cucharadas (es mejor bien cargado).

Saber que hoy no me diste un beso, ni me dijiste que amas; que no te acordaste de tocarme, que te olvidaste de la cerveza en la nevera...y saber que mañana, tu y yo no nos habremos visto nunca. No sabrás que te pedí un beso, que te esperé 101 ovejas en la noche, para que me dijeras que me amabas...que siempre dejaba mi cerveza en la nevera. A fuego lento. La cafetera empieza a sonar (es de las viejas). Ya está listo para servir.

Saber que a pesar de saber, no intento nada. No quiero cambiar nada. Espero, y en una actitud macabra y esacalofriante anticipo tus movimientos y mis lágrimas. Tres cucharadas de azucar. Revuelvo.

I love coffee.
Insomnio.

Wednesday, May 16, 2007

El corazón de nadie

Hoy me regalaron un corazón. Era rojo y se pegaba al cuerpo. ¿Que quién me lo dió? No lo sé, no sé su nombre, sólo recuerdo de él, su dedo pulgar sucio y perfecto. Me habló y no le entendí nada. Se quedó mirándome y no puede verle la cara. Luego, se volteó, se fue alejando y me dejo con su corazón en mis manos. Cuando me di cuenta quise devólverselo, uno no puede andar sin corazón por ahí...pero no sabía su nombre, no sabía como gritarle. El bus arrancó y desde mi ventana, lo ví caerse lentamente en el suelo.

No podía reponerme y la gente me miraba como si le hubiera arrancado el corazón a alguien. Cerré los ojos y no volví a abrirlos hasta que el bus estuvo practicamente desocupado. Entonces, saqué el corazón de aquel hombre del bolsillo derecho de mi pantalón. Empecé a jugar con él, se pegaba por todo mi cuerpo. Era tan rojo. Tan pequeño.

Luego, me quedé dormida. Dos días seguidos sin cerrar los ojos, buscando estrellas escondidas en el cielo, trae consecuencias. Cuando desperté, busqué el corazón de éste hombre en mi bolsillo izquierdo. No lo sentí. Entonces, lo ví pegado en el suelo.

Me paré de la silla, lo ví desde lejos, estaba en el suelo y le pasaron cuatro mundos y dos más por encima, ahora estaba negro. Arrugado. Roto. No podía dejar de mirarlo. Sangraba. La gente, primero fueron las mujeres de faldas largas y tacones altos, luego los hombres de corbata, empezó a cubrirse la nariz, algunos se desmayaron por la impresión de ver un órgano abandonado y en semejante estado.

Oprimí el timbre. Contuve las lágrimas, porque con tantas ansias de culpables en éstos días, era mejor disimular y no pasar la noche en la cárcel. Llegue a mi casa. Y me encerré en el cuarto. No comí nada.

Desde hoy prometo no aceptar nunca el corazón de nadie.

Monday, May 14, 2007

País con sabor a mierda...

No quiero comer. Todo me produce vómito. En la mañana, el cereal con leche y el ponqué gala. Agua. Dulce con sabor a coñac. No quiero comer más. Luego, pescado, arroz, plátano. El estómago empieza a pesar y con el, el cuerpo, la vida...Luego, sangre y tetas mezcladas con sonrisas y muslos tonificados, provocadores. No quiero más. No me puedo mover. Luego, agua y té con azucar. El corazón empieza a moverse más despacio...(¿por qué carajos no se detiene?) Entonces, empiezo a quedarme dormida, mientras mi estómago se pudre, al compás de mi cabeza que se arruya con las imágenes del televisor. Despierto. Más agua. Más mierda. No quiero comer. Todo me produce vomito. Entonces, prendo el televisor, una vez más.

Sunday, May 13, 2007

Noche de tristeza

Quisiera decirte que soy feliz. Que me basta con tu sonrisa, con mis dos piernas, mis ojos y mi boca....con la leche tibia que me preparas al desayuno y el masaje tierno de tus manos en mi panza...

Con las sábanas frescas en la cama, con tu abrazo en las mañanas...Pero, no puedo. Cada sonrisa mía esconde dos o tres lágrimas, y muchas veces, prefiero no usar ni mis piernas, ni mis ojos ni mi boca...

Y me da mucha tristeza saber que tú no lo sabes...que todo está bien, que todo siempre va a estar bien. Y te sigo abrazando y tomando la leche tibia del desayuno, acariciando tus manos sobre mi...Pero, con el paso de los años me he quedado muda...ya no puedo hablarte. Tal vez, jamás pude. Muda y sorda. No me escucho. Y aunque en sueños siempre te veo gritándome, pegándome, jamás logro escucharte. Tampoco cuando quien grita soy yo...

Sunday, May 06, 2007

Falsa promesa

No puedo dejar de mover mis pies. No te imaginas mi día de hoy...¿Si te conté que de chica bailaba salsa, mientras papá revisaba cada uno de mis movimientos con ojo de cirujano y una que otra sonrisa de orgullo?

No. Recordé también que hace mucho no me daba cuenta del "no". ¿Está siempre ahi? Bueno, así de despistada debo ser...Hoy viajé en el tiempo. Eran las 4:30 de la tarde y tenía 20 años en ese momento. Mi corazón latía despacio, tenía el estomago hinchado por la fría tarde y los pies descalzos como siempre..Cuando el reloj marcó las 4:35 acababa de cumplir 5 años más y cuidaba a mis padres enfermos y recibía una llamada de una de mis hermanas...

No le entendía nada. Tal vez y es cierto que mientras el tiempo avanza, la información se mueve más rapido o yo no sé que mierda era...pero no le entendía nada. Y yo hablaba...hablaba... Con el teléfono en la oreja, me miraba en el reflejo del vidrio del comedor. No entendía tampoco lo que decía. Pero sonaba bien. O por lo menos, eso parecía...luego, el mismo reloj marcó las 4:40 y no pasó nada.

¿Me prometes que me guardas el secreto? ¿Me prometes que no va a importar que sea cinco años mayor que tu? ¿Y que aún así me vas a hacer el amor y a dedicar malas canciones? ¿Me lo prometes?

Thursday, May 03, 2007

Cosas que me ayudan...

El silencio en el apartamento.
El movimiento cero.
El vaso de leche y el bocadillo, a escondidas, en la madrugada.
Mis palabras en el espejo.
Los cinco minutos más de sueño.
El grito de placer de ella...
Tu abrazo y tu beso
La angustia, el desespero.
Las ocho de la noche...mientras te espero...
El vidrio empañado cuando salgo del baño y los mismos corazones rotos.
Sus favores, sus recuerdos.
Los movimientos de mi cuerpo...
Tus palabras...tu agradecimiento..
El revólver, tu mirada de miedo..
Tu sangre...tu mejilla fría y mi beso.