Nunca he llevado un diario. No soporto repetirme cada evento del dìa en el papel (bueno, aunque èsto no es precisamente papel). Además siempre me pareciò esa una tarea de las chicas quinceañeras que escribían boludeces mezcladas con un poco de miedo. Y, bueno...tal vez y si soy "boluda" y jamàs superé el patético "cambio de zapatillas"...
Hoy no pasó nada. Y es una novedad en tanto me di cuenta de precisamente eso: que no pasó nada. Despertè con las estadìsticas del último atentado de la semana en la voz que salía del radio que mamá pone todos los dìas, "para despertarme". Ella jamás se sintiò capaz de interrumpirme el sueño (segùn ella). En el fondo creo que nunca se sintió capaz de besarme la frente y decirme buen día. Luego, una hora de meditaciòn en el baño, el tiempo exacto para que los humores de mi cuerpo se mezclaran màgicamente con el vapor del agua caliente. El desayuno que nunca es desayuno y "Chao nada".
Wednesday, October 31, 2007
Friday, October 12, 2007
Hoy
Cuando tu venías caminando, y pensabas en tu trabajo, en las carcajadas anticipadas y en el almuerzo deshabrido que cocinó tu esposa, yo venía pensando. No en ti. No en ella. Si no en mi. En nada.
Y nos encontramos. Te saludé con un beso. Me miraste y me diste un tímido abrazo. Nos quedamos en silencio y te pregunté por la reunión a la que ibas. Me contaste apenas lo necesario como para salir del paso, mientras yo me ahogaba en mis propios pensamientos tristes y te miraba sin dejar de consentir, jugando el mismo juego que juegan dos personas que se aman tanto como para no indagar en sus más íntimos secretos.
Te volví a besar y te dije que nos veríamos en un rato. Me dijiste lo mismo. Seguiste tu camino y yo el mío. Miré hacia atrás para ver si ya te habías ido y me detuve. Miré mi rostro triste en el reflejo del vidrio trasero de tu carro, en el parqueadero. Pensé en tí, en mí. En que lo había intentado otra vez. Y otra vez, había perdido. Que por más que trato de olvidarme de mí, de la esperanza, vuelvo a esperar, a confiar, a hacerle a San Antonio y a otros santos no tan santos, la misma plegaria, con nuevas condiciones y cláusulas.
Luego, subí las escaleras y antes de timbrar, sequé mis lágrimas y me quedé viendo por el ojo mágico de la puerta. La vi a ella. Timbré. Abrió la puerta. Me abrazó. Entonces, le pregunté por el último capítulo de la novela.
Y nos encontramos. Te saludé con un beso. Me miraste y me diste un tímido abrazo. Nos quedamos en silencio y te pregunté por la reunión a la que ibas. Me contaste apenas lo necesario como para salir del paso, mientras yo me ahogaba en mis propios pensamientos tristes y te miraba sin dejar de consentir, jugando el mismo juego que juegan dos personas que se aman tanto como para no indagar en sus más íntimos secretos.
Te volví a besar y te dije que nos veríamos en un rato. Me dijiste lo mismo. Seguiste tu camino y yo el mío. Miré hacia atrás para ver si ya te habías ido y me detuve. Miré mi rostro triste en el reflejo del vidrio trasero de tu carro, en el parqueadero. Pensé en tí, en mí. En que lo había intentado otra vez. Y otra vez, había perdido. Que por más que trato de olvidarme de mí, de la esperanza, vuelvo a esperar, a confiar, a hacerle a San Antonio y a otros santos no tan santos, la misma plegaria, con nuevas condiciones y cláusulas.
Luego, subí las escaleras y antes de timbrar, sequé mis lágrimas y me quedé viendo por el ojo mágico de la puerta. La vi a ella. Timbré. Abrió la puerta. Me abrazó. Entonces, le pregunté por el último capítulo de la novela.
Monday, October 08, 2007
Algo se fue...
Nunca pensé que llegaría el dia cuando me quedaría sin palabras. Sin nada que contarte. Sin necesidad de recordarte o verte en mis sueños.
Olvidé que te necesitaba y por eso, encendí el televisor y me atasqué de las tristezas de otros, de sus cuerpos mutilados y su sexo. Me dediqué a registrar en papel las obsesiones de mis padres y a intenté resolver las historias de amor (cursis y románticas) de las señoritas.
En medio de ese olvido, de tu ausencia y de mi encierro, te espié todo el tiempo. Esuché tus canciones en la distancia y pegué, clandestinamente, mis oídos a tu puerta. Intenté adivinar tu murmullo, hasta quedarme profundamente dormida en él.
Extrañamente te extraño. A pesar de no haberte necesitado nunca. A pesar de mi encierro y del tiempo que ha pasado. Te extraño y te espero, como se espera una droga y esa sensación química, mágica de felicidad.
Por eso, quisiera volver a estar así. Encerrada. En silencio y sin decir tanta basura. Sin tantas palabras falsamente acomodadas. Sin volverte a extrañar y sin acostumbrarse de nuevo a la espera. Algo se fue. Y no me gusta lo que queda.
Olvidé que te necesitaba y por eso, encendí el televisor y me atasqué de las tristezas de otros, de sus cuerpos mutilados y su sexo. Me dediqué a registrar en papel las obsesiones de mis padres y a intenté resolver las historias de amor (cursis y románticas) de las señoritas.
En medio de ese olvido, de tu ausencia y de mi encierro, te espié todo el tiempo. Esuché tus canciones en la distancia y pegué, clandestinamente, mis oídos a tu puerta. Intenté adivinar tu murmullo, hasta quedarme profundamente dormida en él.
Extrañamente te extraño. A pesar de no haberte necesitado nunca. A pesar de mi encierro y del tiempo que ha pasado. Te extraño y te espero, como se espera una droga y esa sensación química, mágica de felicidad.
Por eso, quisiera volver a estar así. Encerrada. En silencio y sin decir tanta basura. Sin tantas palabras falsamente acomodadas. Sin volverte a extrañar y sin acostumbrarse de nuevo a la espera. Algo se fue. Y no me gusta lo que queda.
Thursday, September 27, 2007
Wednesday, September 26, 2007
Thursday, September 06, 2007
Adiós, mamá.
La garganta está al tope. ¿Y si provoco que salgan mis tristezas? ¿Si le canto al oído, despacio, para que ella me abandone? ¿Lo haría? Estoy enferma y no quiero saber más de tus enfermedades. De tus citas médicas. Desde hoy decido no estar más para ti. No me llames ni me sonrías. No me nombres. No me toques. Hoy me voy de tu lado, con lágrimas, mientras me despido.
Cuando te acuerdes de mí, no pienses en las tardes de juego, en los pasteles de caramelo con sabor a viernes. No pienses en la que sale en las fotos, en su sonrisa ingenua, en cada uno de los viajes. Piensa en quien te está escribiendo hoy, te la quiero presentar, mucho gusto, tristeza.
Hoy me voy para siempre. No quiero regresar, no me pidas que regrese.
Adiós mamá.
Cuando te acuerdes de mí, no pienses en las tardes de juego, en los pasteles de caramelo con sabor a viernes. No pienses en la que sale en las fotos, en su sonrisa ingenua, en cada uno de los viajes. Piensa en quien te está escribiendo hoy, te la quiero presentar, mucho gusto, tristeza.
Hoy me voy para siempre. No quiero regresar, no me pidas que regrese.
Adiós mamá.
Monday, September 03, 2007
Uno
Olvidé quitarme los tacones rojos ese día que te diste cuenta quien era y me llamaste por mi nombre. It's a small crime And I've got no excuse.
Saturday, September 01, 2007
Thursday, August 23, 2007
Tres deseos
Cuando pequeña, papá me contaba una historia que hoy, veinte años después no olvido. Una vez existió un genio de la lámpara. Ese genio se aparecía en la madrugada, cuando los niños no se dormían temprano. Fin. Esa era la historia. Mi padre jamás me contó porqué el genio se aparecía a esa hora o por qué los niños no dormían, tampoco si era que el genio vivía en la lámpara y si era así, cómo diablos hacía éste para meterse allí.
Hoy ya no me interesa saberlo. Pero la historia (la pequeña historia) se me quedó grabada para siempre. Por eso, cuando quiero pedir un deseo, (con el tiempo, descubrí que todos los genios de la lámpara cumplen deseos) no duermo.
Hoy quise pedir tres deseos (también descubrí que son tres los deseos permitidos). Le pedí al genio de la lámpara que jamás te des cuenta de mi tristeza. Que jamás descubras que cuando te abrazo, cierro los ojos para que no me veas llorar.
Le pedí al genio que jamás te susurren al oido que no te agradecí por darme la vida, por esas noches sin dormir cuando le pedías al cielo por dejarme nacer. No te las agradecí, porque desde pequeña me dolieron cada una de ellas. En mis piernas, en mi vientre, en mis sueños.
Le pedí al genio que no me volvieras a preguntar por las marcas en mi cuerpo, por las noches de encierro, por mis lágrimas en la madrugada.
Por último, (también descubrí el maravilloso arte de regatear) le pedí al genio que me diera valor para despedirme de ti. Que me diera valor para despedirme de mi.
P.d
Feliz Cumpleaños.
Hoy ya no me interesa saberlo. Pero la historia (la pequeña historia) se me quedó grabada para siempre. Por eso, cuando quiero pedir un deseo, (con el tiempo, descubrí que todos los genios de la lámpara cumplen deseos) no duermo.
Hoy quise pedir tres deseos (también descubrí que son tres los deseos permitidos). Le pedí al genio de la lámpara que jamás te des cuenta de mi tristeza. Que jamás descubras que cuando te abrazo, cierro los ojos para que no me veas llorar.
Le pedí al genio que jamás te susurren al oido que no te agradecí por darme la vida, por esas noches sin dormir cuando le pedías al cielo por dejarme nacer. No te las agradecí, porque desde pequeña me dolieron cada una de ellas. En mis piernas, en mi vientre, en mis sueños.
Le pedí al genio que no me volvieras a preguntar por las marcas en mi cuerpo, por las noches de encierro, por mis lágrimas en la madrugada.
Por último, (también descubrí el maravilloso arte de regatear) le pedí al genio que me diera valor para despedirme de ti. Que me diera valor para despedirme de mi.
P.d
Feliz Cumpleaños.
Tuesday, August 21, 2007
A decir verdad, ayer fui una chica mala
Tantos días tristes y la esperanza de mi madre por volverme a ver "bien". Ayer fui una chica mala y lo olvidé todo. No di el beso de despedida, ni tendí la cama. No tuve malos pensamientos ni corté mis manos con los pedacitos del espejo roto. Ese mismo que puesto al sol iluminaba de colores esa pared tan vieja ya...tan de porquería.
Ayer fui una chica tan mala que dormí boca abajo, abrazando la almohada, esperando ahogarme, esperando decir adiós con ese último soplo de dolor. No saludé al portero y tampoco pagué el bus. No le dije a nadie que me quiero ir, que ya no estoy. No le pregunté a la suerte por si sería hoy mi último día, ni por si te conocería, otra vez.
Ayer fui una chica mala y tal vez sí me arrepiento. No lloré por mi padre ni por mi madre. No me compadecí de sus tristezas. No me compadecí de mí.
Acuérdate de fimar cada carta. De cerrar las ventanas y de decirme adiós cada vez que te vayas.
Ayer fui una chica tan mala que dormí boca abajo, abrazando la almohada, esperando ahogarme, esperando decir adiós con ese último soplo de dolor. No saludé al portero y tampoco pagué el bus. No le dije a nadie que me quiero ir, que ya no estoy. No le pregunté a la suerte por si sería hoy mi último día, ni por si te conocería, otra vez.
Ayer fui una chica mala y tal vez sí me arrepiento. No lloré por mi padre ni por mi madre. No me compadecí de sus tristezas. No me compadecí de mí.
Acuérdate de fimar cada carta. De cerrar las ventanas y de decirme adiós cada vez que te vayas.
Friday, August 10, 2007
Ayer en la noche
Ayer, cuando quiso contarme todo, gire mi cuerpo hacia el lado contrario de la cama como previniendo aquel momento tan incómodo. Pero, era inevitable. Sus primeros sollozos empezaron a dispersarse por toda la habitación, por mis oídos, por mi cuerpo. Quería encender la lámpara, aumentar gradualmente el ritmo de mi respiración para que escuchara un silbido de sueño profundo, como el de las caricaturas que pasan por televisión.
Quise pararme de la cama y prender la radio. Cantar esa canción con mi voz desafinada, melancólica de siempre. Quise servirle un trago, acomodarle dos almohadas en el cuarto de enfrente para que descargara su pena en el alcohol, en el misterio del vaso medio lleno y la puerta cerrada.
Pero, él seguía llorando. Entonces, presa en las sábanas y en el temor, me abanadoné en sus lagrimas y sollozos que arrullaron mi sueño exraviado. Experimenté el placer perverso de las villanas de telenovela, el mismo que les dibuja una sonrisa perfecta mientras el nivel de tristeza de su víctima aumenta. No quería que dejara de llorar. Por fin, el imnosio que me aquejaba hacía varias semanas terminaba.
Entonces, tomé su mano en agradecimiento, sin soltarla, pero sin acariciarla. Lo que siguió después fue el más dulce de mis sueños. Uno en el que él no lloraba y se despedía de mí para siempre con un beso en mi frente y nuestras manos entrelazadas.
Quise pararme de la cama y prender la radio. Cantar esa canción con mi voz desafinada, melancólica de siempre. Quise servirle un trago, acomodarle dos almohadas en el cuarto de enfrente para que descargara su pena en el alcohol, en el misterio del vaso medio lleno y la puerta cerrada.
Pero, él seguía llorando. Entonces, presa en las sábanas y en el temor, me abanadoné en sus lagrimas y sollozos que arrullaron mi sueño exraviado. Experimenté el placer perverso de las villanas de telenovela, el mismo que les dibuja una sonrisa perfecta mientras el nivel de tristeza de su víctima aumenta. No quería que dejara de llorar. Por fin, el imnosio que me aquejaba hacía varias semanas terminaba.
Entonces, tomé su mano en agradecimiento, sin soltarla, pero sin acariciarla. Lo que siguió después fue el más dulce de mis sueños. Uno en el que él no lloraba y se despedía de mí para siempre con un beso en mi frente y nuestras manos entrelazadas.
Saturday, July 28, 2007
¿Te conté de mí, de mi sueño?
No te voy a decir, "hola, espero que estés bien", como normalmente, se empiezan las cartas, porque mi saludo viene siendo casi siempre una despedida, y porque bueno, no espero que estés bien.
Ayer me puse a pensar en el racimo de uvas y el vaso de leche que papá guardó a escondidas de mamá. ¿Te acuerdas de mamá, de papá... de mí?
Hace unos días, mi padre celebró su tristeza y disfrazó sus lágrimas con movimientos de pies y caderas, al son de la salsa, el son cubano, como lo hizo las miles de veces que perdió su equipo del alma, o discutió con alguien.
Cuando mamá no accedió a bailar con él, porque estaba ocupada con las llamadas de teléfono, las citas médicas, los 50 mg más de proteínas y calorías que aportan la yuca y la papa sabanera, apagó el sonido y se quedó mirando fijamente la avenida desde la ventana. Yo apenas lo miraba. Entonces, subí el volumen del equipo de sonido y me moví al ritmo de El periódico de ayer con la tristeza de quien canta una canción como esa.
Papá se sentó y mientras yo me movía, no paró de hablar de Hector Lavoe, de su tristeza, de sus canciones. Entretanto, mis hermanas, cerraron las puertas de sus habitaciones y endulzaron sus lágrimas con palabras de amor de quienes las aman, por teléfono, mientras mamá me preguntaba por dónde carajos estaba "ese aparato del demonio, que sus hermanas no sueltan preciso cuando una más lo necesita".
Papá y yo nos quedamos hablando por largo rato. Cada quien disimulaba su miedo con pasos mal dados, con estrofas a destiempo, con silencios en la mejor parte del coro de cada cancion...Cuando se hizo muy tarde, nos fuimos a dormir. Al despedirnos, con un beso suyo en mi frente, observé que papá llevaba en el bolsillo derecho de su piyama, un racimo de uvas mal escondido y el bigote blanco, como la leche. [leche no porque suene bonito decirlo, sino porque efectivamente era de leche, deslactosada]
No le dije nada. Mamá tenía prohibido las comidas a altas horas de la noche, pero ahora estaría tan profunda que era improbable que lo notara [de no haber sido maestro, papá posiblemente habría sido mago o político, porque su capacidad para ocultar las cosas era de admirar]
Cuando me fui a la cama, apagué la luz y soñé que mientras lloraba, mis pies eran cubiertos por un río púrpura con sabor a sal. Que ese río crecía y que entre más lágrimas cayeran, más hermoso se tornaba. Que iba perdiendo gradualmente su sabor salado y que me cubría luego las rodillas, la cintura, los hombros...Que finalmente me ahogaba, sin dolor, sin remordimientos, sin súplicas.
Pero, hoy me despierta, me regresa a la vida y me saca de mi tierna muerte, cada susurro y respiración contenida por mis hermanas quienes lloran en la habitación que da justo derás de la mía. Luego, los sollozos mi padre, de mi madre...
P.d
Perdón porque ésta carta quedó más larga de lo normal. Perdón por tener tantas cosas por contarte.
Ayer me puse a pensar en el racimo de uvas y el vaso de leche que papá guardó a escondidas de mamá. ¿Te acuerdas de mamá, de papá... de mí?
Hace unos días, mi padre celebró su tristeza y disfrazó sus lágrimas con movimientos de pies y caderas, al son de la salsa, el son cubano, como lo hizo las miles de veces que perdió su equipo del alma, o discutió con alguien.
Cuando mamá no accedió a bailar con él, porque estaba ocupada con las llamadas de teléfono, las citas médicas, los 50 mg más de proteínas y calorías que aportan la yuca y la papa sabanera, apagó el sonido y se quedó mirando fijamente la avenida desde la ventana. Yo apenas lo miraba. Entonces, subí el volumen del equipo de sonido y me moví al ritmo de El periódico de ayer con la tristeza de quien canta una canción como esa.
Papá se sentó y mientras yo me movía, no paró de hablar de Hector Lavoe, de su tristeza, de sus canciones. Entretanto, mis hermanas, cerraron las puertas de sus habitaciones y endulzaron sus lágrimas con palabras de amor de quienes las aman, por teléfono, mientras mamá me preguntaba por dónde carajos estaba "ese aparato del demonio, que sus hermanas no sueltan preciso cuando una más lo necesita".
Papá y yo nos quedamos hablando por largo rato. Cada quien disimulaba su miedo con pasos mal dados, con estrofas a destiempo, con silencios en la mejor parte del coro de cada cancion...Cuando se hizo muy tarde, nos fuimos a dormir. Al despedirnos, con un beso suyo en mi frente, observé que papá llevaba en el bolsillo derecho de su piyama, un racimo de uvas mal escondido y el bigote blanco, como la leche. [leche no porque suene bonito decirlo, sino porque efectivamente era de leche, deslactosada]
No le dije nada. Mamá tenía prohibido las comidas a altas horas de la noche, pero ahora estaría tan profunda que era improbable que lo notara [de no haber sido maestro, papá posiblemente habría sido mago o político, porque su capacidad para ocultar las cosas era de admirar]
Cuando me fui a la cama, apagué la luz y soñé que mientras lloraba, mis pies eran cubiertos por un río púrpura con sabor a sal. Que ese río crecía y que entre más lágrimas cayeran, más hermoso se tornaba. Que iba perdiendo gradualmente su sabor salado y que me cubría luego las rodillas, la cintura, los hombros...Que finalmente me ahogaba, sin dolor, sin remordimientos, sin súplicas.
Pero, hoy me despierta, me regresa a la vida y me saca de mi tierna muerte, cada susurro y respiración contenida por mis hermanas quienes lloran en la habitación que da justo derás de la mía. Luego, los sollozos mi padre, de mi madre...
P.d
Perdón porque ésta carta quedó más larga de lo normal. Perdón por tener tantas cosas por contarte.
Sunday, July 22, 2007
Infinita tristeza
Hace rato no sentía nada. Había olvidado el dolor, la espera, las despedidas.
Hoy tengo mucho miedo. Mis ojos recordaron lo que es llorar y se duermen ahogados en lágrimas que sólo desaparecen hasta el otro día, cuando sin ser vistos, se resignan de tristeza.
Ojalá tuviera tres años y llorar fuera parte de una ronda de juegos, o parte de una obra de teatro, esas que tanto me aplaudiste en el colegio. Ojalá llorar se arreglara con un chocolate (siempre preferíe el blanco) y con cinco minutos de rezos antes de empezar las clases.
Tengo tanto miedo. Tanto miedo por volver a sentir. Por descubrir el dolor, no como lo hacen las mujeres bonitas y los hombres de pelo engominado, ese dolor que sienten cuando les es negado un beso y una flor...
Tengo miedo de que cuando te diga adiós me esté despidiendo para siempre...
Ojalá volviera a ser más chica para que ayer cuando estuve contigo en la Iglesia, Dios me hubiera escuchado y hubiera aceptado mi cuerpo a cambio del tuyo, enfermo, gris, triste...Con las manos entrecruzadas y los ojos apretados...haciéndo la misma promesa de no volver a comer un chocolate, me acuesto a dormir hoy...
Hablamos en la noche, infinita tristeza...
Hoy tengo mucho miedo. Mis ojos recordaron lo que es llorar y se duermen ahogados en lágrimas que sólo desaparecen hasta el otro día, cuando sin ser vistos, se resignan de tristeza.
Ojalá tuviera tres años y llorar fuera parte de una ronda de juegos, o parte de una obra de teatro, esas que tanto me aplaudiste en el colegio. Ojalá llorar se arreglara con un chocolate (siempre preferíe el blanco) y con cinco minutos de rezos antes de empezar las clases.
Tengo tanto miedo. Tanto miedo por volver a sentir. Por descubrir el dolor, no como lo hacen las mujeres bonitas y los hombres de pelo engominado, ese dolor que sienten cuando les es negado un beso y una flor...
Tengo miedo de que cuando te diga adiós me esté despidiendo para siempre...
Ojalá volviera a ser más chica para que ayer cuando estuve contigo en la Iglesia, Dios me hubiera escuchado y hubiera aceptado mi cuerpo a cambio del tuyo, enfermo, gris, triste...Con las manos entrecruzadas y los ojos apretados...haciéndo la misma promesa de no volver a comer un chocolate, me acuesto a dormir hoy...
Hablamos en la noche, infinita tristeza...
Friday, July 13, 2007
Ayer, en el aeropuerto
La chica morena de siete años cubre su rostro con la falda a cuadros de su madre. El padre le lanza un beso desde detrás de la línea amarilla, pero ella no lo quiere mirar. No entiende porqué su padre le dejó una pelota de baloncesto en su cama. La madre cubre los ojos de la chica y difraza sus lágrimas con una tímida sonrisa.
El padre avanza dos, tres, cuatro pasos. Se distrae con las monedas en el bolsillo de su pantalón, con los papeles que estén en regla, con la última instrucción que dio antes de despedirse para siempre: un, dos, tres, levantas la mirada y encestas.
La chica suelta la mano de su madre y cruza la línea amarilla. Se escabulle, aplicando las mismas reglas que el padre le enseñó para no dejarse quitar la pelota en la chancha, entre los cuerpos inermes de quienes también hacen fila junto a él.
La madre discute con los oficiales que la obligan a retirar a la chica morena de la zona de abordaje, pero es inútil, ella ya ha encontrado a su padre y se ha prendido, con los ojos cerrados, de su pierna derecha.
El padre la besa. Entonces, la chica morena lo suelta, pone sus manos sobre sus ojos y empieza a contar: 100, 99, 98...se salta al 25, y continúa en 10, 9, 8...
El padre avanza entre el 7, 6 y 5...Está cerca de la puerta de salida y con lágrimas en los ojos, se despide a lo lejos de su esposa.
La chica morena termina de contar, descubre sus ojos: su padre ha desaparecido. Regresa al lado se su madre, consuela sus lágrimas con un abrazo y un beso. Antes de irse a casa, la chica morena mira hacia atrás convencida de que si su padre era el mejor en el baloncesto, ella siempre lo superó en las escondidas...
100, 99, 98...25...
El padre avanza dos, tres, cuatro pasos. Se distrae con las monedas en el bolsillo de su pantalón, con los papeles que estén en regla, con la última instrucción que dio antes de despedirse para siempre: un, dos, tres, levantas la mirada y encestas.
La chica suelta la mano de su madre y cruza la línea amarilla. Se escabulle, aplicando las mismas reglas que el padre le enseñó para no dejarse quitar la pelota en la chancha, entre los cuerpos inermes de quienes también hacen fila junto a él.
La madre discute con los oficiales que la obligan a retirar a la chica morena de la zona de abordaje, pero es inútil, ella ya ha encontrado a su padre y se ha prendido, con los ojos cerrados, de su pierna derecha.
El padre la besa. Entonces, la chica morena lo suelta, pone sus manos sobre sus ojos y empieza a contar: 100, 99, 98...se salta al 25, y continúa en 10, 9, 8...
El padre avanza entre el 7, 6 y 5...Está cerca de la puerta de salida y con lágrimas en los ojos, se despide a lo lejos de su esposa.
La chica morena termina de contar, descubre sus ojos: su padre ha desaparecido. Regresa al lado se su madre, consuela sus lágrimas con un abrazo y un beso. Antes de irse a casa, la chica morena mira hacia atrás convencida de que si su padre era el mejor en el baloncesto, ella siempre lo superó en las escondidas...
100, 99, 98...25...
[P...Gracias!..Ya la encontré!..creo...]
Friday, July 06, 2007
Te regalo un chocolate, la envoltura y unos cuantos secretos...
Ya no te quiero esperar más, esperanza. No tengo señales tuyas hace días, hace tantas noches. Aún así te sueño, te lloro, te pienso, por eso, te voy a contar un secreto: mi color favorito no es el rojo y tampoco me gustan los gatos. Es más, los detesto. Siempre pedí más de dos deseos por uva en las fiestas de fin de año y jamás quise a Andreita esa muñeca fea que hace tanto me regalaste y que sólo peinaba por mísera consideración...
Te voy a contar otro secreto: no soy capaz de mezclar sustancias quimícas para de un sorbo comprar por adelantado mi pasaje a la eternidad, tampoco se hacer nudos y jamás me pararía a una altura mayor a la que hay del piso a mi cama. Le tengo tanto miedo a la muerte como a la vida, a la bendecida expiración como a los suspiros que, pensando en tí, no pude evitar...
Te voy a contar otro secreto: te escribo cartas no porque te quiera, cada vez me doy cuenta que no sería capaz de querer a nadie, sino porque desde pequeña me inyecté masoquismo en mis venas, y éstas palabras son la prolongación inficiosa de mi vida.
Te voy a contar otro secreto: nunca me he pensado como una suicida, porque si algo admiro yo es la determinación y la seriedad de quienes jamás dejarían cartas ni explicaciones...
Te voy a contar otro secreto: es este un posdata cuyos efectos no contarán para mi, cuando le ponga punto final.
(Puedes quedarte con la envoltura del chocolate)
Te voy a contar otro secreto: no soy capaz de mezclar sustancias quimícas para de un sorbo comprar por adelantado mi pasaje a la eternidad, tampoco se hacer nudos y jamás me pararía a una altura mayor a la que hay del piso a mi cama. Le tengo tanto miedo a la muerte como a la vida, a la bendecida expiración como a los suspiros que, pensando en tí, no pude evitar...
Te voy a contar otro secreto: te escribo cartas no porque te quiera, cada vez me doy cuenta que no sería capaz de querer a nadie, sino porque desde pequeña me inyecté masoquismo en mis venas, y éstas palabras son la prolongación inficiosa de mi vida.
Te voy a contar otro secreto: nunca me he pensado como una suicida, porque si algo admiro yo es la determinación y la seriedad de quienes jamás dejarían cartas ni explicaciones...
Te voy a contar otro secreto: es este un posdata cuyos efectos no contarán para mi, cuando le ponga punto final.
(Puedes quedarte con la envoltura del chocolate)
Thursday, June 28, 2007
Despedida III
¿Te acuerdas del vestido rosa? Siempre dije que no era mi preferido, pero a tí te encantaba ese color sobre mi cuerpo. Esperaste tanto por vérmelo puesto..Entonces, trenzo mi cabello, más largo, desde la última vez que me viste, y pinto de rosa mis labios, respiro profundo y ya no siento...
Empieza Interludio y te ofrezco la senda que me queda por andar...El mundo de miles de colores empieza a nublarse de tristeza...y el día, probablemente luminoso afuera, se torna aquí dentro, negro oscuro; azúl índigo, mejor...siempre me gustó más el azul.
La agonía de mi cuerpo se disfraza en conmoción por el primer viaje lejos, A tu profundo corazón...Me despido con los últimos minutos que da el reloj...Sentada, en la silla dónde me viste por última vez, cierro los ojos cansados por los años, no sin antes acomodarme el vestido rosa y apretar mis labios brillantes, rosados...arrugados.
La aguja del tocadiscos advierte un ruido que se apaga lento...Silencio.
Empieza Interludio y te ofrezco la senda que me queda por andar...El mundo de miles de colores empieza a nublarse de tristeza...y el día, probablemente luminoso afuera, se torna aquí dentro, negro oscuro; azúl índigo, mejor...siempre me gustó más el azul.
La agonía de mi cuerpo se disfraza en conmoción por el primer viaje lejos, A tu profundo corazón...Me despido con los últimos minutos que da el reloj...Sentada, en la silla dónde me viste por última vez, cierro los ojos cansados por los años, no sin antes acomodarme el vestido rosa y apretar mis labios brillantes, rosados...arrugados.
La aguja del tocadiscos advierte un ruido que se apaga lento...Silencio.
Despedida II
Hace rato te había olvidado...
Borré de mi memoria, las marcas en tu mano pidiéndome ayuda. Tu miedo.
Me distraje con el sonido de la avenida y las palabras. Me enamoré de la esperanza..y la inyecté en mis brazos todos los días...
Estaba tan lejos, que no volví a escucharte y lo permití...Te confieso que volví a tomar café y fui a cine dos veces.
Pero hoy recordé tu miedo. Mis manos, desde entonces, permanecen dormidas y frías...tan frías... Te pienso, te lloro, me hago daño.
Prometí no volver a dormir, mientras tú, en la lejanía, estás despierto. Prometí no volver a vivir, mientras tú hace cinco años estás muerto.
Perdóname.
Borré de mi memoria, las marcas en tu mano pidiéndome ayuda. Tu miedo.
Me distraje con el sonido de la avenida y las palabras. Me enamoré de la esperanza..y la inyecté en mis brazos todos los días...
Estaba tan lejos, que no volví a escucharte y lo permití...Te confieso que volví a tomar café y fui a cine dos veces.
Pero hoy recordé tu miedo. Mis manos, desde entonces, permanecen dormidas y frías...tan frías... Te pienso, te lloro, me hago daño.
Prometí no volver a dormir, mientras tú, en la lejanía, estás despierto. Prometí no volver a vivir, mientras tú hace cinco años estás muerto.
Perdóname.
Monday, June 25, 2007
Despedida I
Hace dos minutos dejé de hablar. No quiero volver a hacerlo. No quiero decirle nada a nadie. ¿Si dejo de hablar, me olvidarás? Olvídame. Quiero que me olvides. Cuando mi cuerpo se desvanezca lentamente, cansado de esperar, sintoniza una emisora o un canal de televisión. Habla con mis hermanas y pregúntales por sus historias de amor, por sus colores favoritos o sus novelas preferidas.
Yo no volveré a hablarte. Mi boca se entumecerá y olvidará el abecedario. Con el abecedario espero olvidarte a ti, olvidarme de mí. Mis ojos se concentrararán en el amarillo de la pared, que ya no será amarillo y habitarán en él. Mis manos se desprenderán para buscar el abrazo que por años esperaron...Mi memoria se perderá en recuerdos ajenos..
Antes de irme, te escribiré éstas palabras. Me despediré.
Yo no volveré a hablarte. Mi boca se entumecerá y olvidará el abecedario. Con el abecedario espero olvidarte a ti, olvidarme de mí. Mis ojos se concentrararán en el amarillo de la pared, que ya no será amarillo y habitarán en él. Mis manos se desprenderán para buscar el abrazo que por años esperaron...Mi memoria se perderá en recuerdos ajenos..
Antes de irme, te escribiré éstas palabras. Me despediré.
Wednesday, June 20, 2007
En-sueños
Papá no soporta el dolor. Pero le cuesta más resignarse a que sea mamá quien le ayude a ponerse las medias. Desde que se enfermó, se sienta en frente del televisor y, después de pedirme que le explique (en vano, él lo sabe) que le conecte el DVD, se dedica a escuchar música. En hojas de cuaderno escribe lo que oye. Cierra los ojos. Canta en silencio.
Mamá no quiere verlo enfermo y se despierta en la madrugada con la incertidumbre de saber si tendrá que ayudarle con las medias. Cuando está sola, busca fotos que le recuerden sus tiempos felices para mirarlas con nostalgia, con tristeza. Hace rato no se ríe. Se queda callada, pensando, tal vez, en esos días de labial rojo y pantalones botacampana.
Por la noche, papá se va a la cama sin pedirle ayuda a nadie. Mamá después de contemplarse frente al espejo, perdida en las marcas de su rostro, se acuesta a dormir. No se hablan. No se interrumpen el sueño con caricias, ni con suspiros involuntarios. Apenas los pies de mamá fríos buscan los de papá para calentarse. Así es todas las noches.
A la una de la mañana mamá despierta con la incertidumbre de todos los días. Papá, se toma su tiempo debajo de las sábanas, para contemplar los pies grandes y arrugados de mamá. Se levanta y le dice "Hoy, me pongo las medias yo mismo". Discuten. Pelean. Papá le recuerda a mamá sus arrugas y mamá su dificultad para ponerse las medias. Portazos. Lágrimas contenidas en bostezos disimulados, en groserías, en manotazos. Papá sale de la casa sin decir adiós. Mamá hace lo mismo.
En la noche, de regreso, se encuentran en la puerta de la casa. No se hablan. Se acuestan a dormir. Desde que tengo 10 años sueño que los pies de mamá, sonrojados, sortean todo tipo de obstáculos para acercarse y con palabras entrecortadas decirle a los pies de papá "Tengo frío".
Aún sigo soñando...
Mamá no quiere verlo enfermo y se despierta en la madrugada con la incertidumbre de saber si tendrá que ayudarle con las medias. Cuando está sola, busca fotos que le recuerden sus tiempos felices para mirarlas con nostalgia, con tristeza. Hace rato no se ríe. Se queda callada, pensando, tal vez, en esos días de labial rojo y pantalones botacampana.
Por la noche, papá se va a la cama sin pedirle ayuda a nadie. Mamá después de contemplarse frente al espejo, perdida en las marcas de su rostro, se acuesta a dormir. No se hablan. No se interrumpen el sueño con caricias, ni con suspiros involuntarios. Apenas los pies de mamá fríos buscan los de papá para calentarse. Así es todas las noches.
A la una de la mañana mamá despierta con la incertidumbre de todos los días. Papá, se toma su tiempo debajo de las sábanas, para contemplar los pies grandes y arrugados de mamá. Se levanta y le dice "Hoy, me pongo las medias yo mismo". Discuten. Pelean. Papá le recuerda a mamá sus arrugas y mamá su dificultad para ponerse las medias. Portazos. Lágrimas contenidas en bostezos disimulados, en groserías, en manotazos. Papá sale de la casa sin decir adiós. Mamá hace lo mismo.
En la noche, de regreso, se encuentran en la puerta de la casa. No se hablan. Se acuestan a dormir. Desde que tengo 10 años sueño que los pies de mamá, sonrojados, sortean todo tipo de obstáculos para acercarse y con palabras entrecortadas decirle a los pies de papá "Tengo frío".
Aún sigo soñando...
Saturday, June 16, 2007
Rojo
Abrí la palma de mis manos. Esperé la aguja con los ojos cerrados La sentí entrar. Me hablaste del color naranja y las rayas negras en la puerta. Entonces, cerré el puño y apreté fuerte. No dije nada, me pinté los labios y te esperé. Te fuiste. Me quedé dormida y soñé que pintaba mis labios con el rojo que emanaba a borbotones de mi brazo roto, perforado...Grité.
Contesté el teléfono. No dije nada. La aguja adentro se llevaba todo. Impotencia. Colgué. Volví a abrir la palma de mis manos y dolió doblar de nuevo el brazo.
Salí a la calle con la promesa de no volver en una semana, por los resultados. Nos encontramos de casualidad. De casualidad nos miramos. Me preguntaste por el profundo y espeso rojo de mis labios. Te besé.
Contesté el teléfono. No dije nada. La aguja adentro se llevaba todo. Impotencia. Colgué. Volví a abrir la palma de mis manos y dolió doblar de nuevo el brazo.
Salí a la calle con la promesa de no volver en una semana, por los resultados. Nos encontramos de casualidad. De casualidad nos miramos. Me preguntaste por el profundo y espeso rojo de mis labios. Te besé.
Subscribe to:
Posts (Atom)


